Andrés · 19 de Octubre de 2026
Es octubre. Empieza la pretemporada. Y con ella, las ganas de apuntarse a todo.
Si has pasado por mi web, esta frase ya la has leído. Está ahí a propósito. Es probablemente lo más honesto que puedo decirle a alguien que quiere entrenar conmigo.
Y como este es el primer artículo del blog, me parece justo empezar por aquí. Por explicar qué hay detrás.
Conseguir una meta o construir un deportista
Hay dos maneras de entrenar a alguien.
La primera es preparar a una persona para que llegue en las mejores condiciones posibles a una carrera concreta. Hay una fecha, una cuenta atrás y un objetivo. Se cruza la meta. Y listo.
La segunda es construir un deportista. Que el deporte forme parte de tu forma de vivir y, a partir de ahí, ir dando pasos. Más distancia. Más nivel. Nuevos retos.
Las dos son legítimas. Pero no son lo mismo.
La mayoría de la gente que me escribe llega pensando en la primera. Un maratón, un medio Ironman, un Ironman. Y casi siempre con fecha.
Cuando alguien viene con una cuenta atrás, lo primero es valorar si tenemos tiempo suficiente para prepararla desde su punto de partida y explicarle el riesgo que eso conlleva. Casi todos lo entienden. Y muchos siguen entrenando conmigo años después, disfrutando del proceso.
Otros quieren su meta sí o sí. Y también la conseguimos. Pero lo que de verdad me gusta es lo otro.
«Está chupao, es solo el doble»
Te cuento cómo aprendí esto. A las malas.
Debuté en triatlón olímpico y en medio Ironman el mismo año. Me entrenaba yo solo. Salió bien. Así que al año siguiente decidí hacer un Ironman.
Mi razonamiento era impecable: está chupao, es solo el doble.
No era el doble.
Lo preparamos tres amigos juntos. Mismos entrenamientos, mismos días, mismas horas. El proceso fue tan duro que, aunque la carrera me salió bien, no la disfruté nada. De aquellos tres, dos prácticamente dejaron el triatlón. El único que siguió fui yo. Y tardé cinco años en volver a ponerme un dorsal de Ironman.

Conseguí la meta. Y estuve a punto de perder a mi yo deportista.
Después tuve la suerte de dar con muy buenos entrenadores. Hablaban mucho conmigo desde el principio y me hicieron entender algo que hoy repito casi a diario: hay que ir lento. Bastante más lento de lo que te pide el cuerpo. Y el ego.
Todo empezó caminando
Hace unos años empezó a entrenar conmigo una atleta con un objetivo muy concreto: bajar su marca en el 10K de un triatlón olímpico.
Durante el proceso se lesionó. Y decidimos ir más poco a poco para que no volviera a pasar. Empezamos con carrera-caminata y rodajes muy suaves.
Ella quería correr más rápido. Estaba impaciente. Normal. ¿Quién quiere caminar cuando su objetivo es bajar marca?
Le hice una promesa: si me hacía caso, iba a mejorar mucho más que si solo se centraba en su objetivo inicial.
Años después, esto es lo que ha pasado:
- Ha debutado en Half Ironman y se ha clasificado dos veces para el Campeonato del Mundo.
- Ha debutado en Ironman y se ha clasificado dos veces para Kona.
- Ha quedado subcampeona de España de Aquabike LD los dos años que se ha presentado.
- Ha hecho mejor marca en 10K y en media maratón.
- Ha corrido Campeonatos de España de duatlón.
- Ha subido a varios podios de grupo de edad en medio Ironman, distancia short o acuatlón.
Todo empezó caminando.
No fue magia. Fueron años de trabajo y constancia y confiar en el proceso por su parte, también cuando el proceso no parecía ir a ningún sitio. Mi papel fue acompañarla y ajustar el entrenamiento. Es su recorrido, no una promesa de que todos vayamos a llegar al mismo sitio.

La otra cara
No todas las historias acaban así. Y sería poco honesto no contarlo.
Algunos atletas han sufrido una lesión por estrés mientras preparaban su primer medio Ironman. Después, no siempre hemos estado de acuerdo con la decisión de bajar la intensidad y avanzar más despacio.
En algunos casos, nuestras expectativas sobre los plazos eran distintas y hemos dejado de entrenar juntos. No lo veo como una falta de compromiso del atleta. Para trabajar juntos necesitamos compartir el enfoque.
Mi responsabilidad es explicar por qué propongo un cambio, escuchar cómo lo vive el atleta y mantener mi criterio si considero que seguir igual no es lo adecuado. El objetivo es que pueda seguir disfrutando del deporte la temporada que viene.
Lo que hay debajo
Cuando hablo de construir un deportista, hablo de construir una base. Y esa base tiene cinco pilares:
- Resistencia. El motor. Lo que te permite sostener un esfuerzo durante mucho tiempo.
- Fuerza. Lo que protege ese motor y te ayuda a aguantar el impacto, kilómetro tras kilómetro.
- Técnica. Gastar menos para ir igual. O ir más rápido gastando lo mismo.
- Tolerancia a la carga. La capacidad de asimilar entrenamiento sin romperte. Es lo que más tarda en construirse.
- Recuperación. Donde de verdad se produce la mejora.
De los cinco, el que más se subestima es el último.
Sin recuperación es imposible rendir. Puede ser activa o pasiva, pero tiene que estar. Mis atletas de Ironman descansan un día a la semana. Los atletas más mayores (como yo) también.
Y descansar no es simplemente no entrenar. Si tu día libre coincide con una boda, no estás descansando. Ojalá. Eso también hay que programarlo.
Para rendir hay que subir la intensidad. Pero para subirla hay que saber cuándo. Y para saber cuándo, necesito saber cómo estás. Por eso hablamos tanto.
El progreso no es una línea recta
Habrá semanas en las que vueles. Y habrá semanas en las que, haciéndolo todo bien, no salga nada.
Los bajones y los estancamientos pueden tener muchas causas. Y forman parte del proceso. Si los profesionales los tienen, ¿cómo no vamos a tenerlos nosotros?
Por eso preparo a mis atletas cuando están arriba. Para que cuando estén abajo no sea tan frustrante.
La clave es mirar con perspectiva. No juzgues una temporada por una semana. Ni una semana por un entrenamiento.
Si empiezas ahora
Es octubre. Si estás pensando en tu próxima temporada, esto es lo que te diría:
- Ten paciencia.
- Rodéate bien.
- Elige objetivos asumibles.
- Habla con tu entrenador de cómo estás y de lo que te preocupa, y confía en el proceso.
- No cumplas sesiones por cumplir.
- Escucha a tu cuerpo.
Y recuerda que las notas se ponen a final de curso.
El día D no vas a ganar nada nuevo. Vas a poner a prueba lo que has construido durante tantos y tantos meses. Y esa medalla no es solo tuya, también tiene algo de quienes te han acompañado. Compártela con los tuyos.
Por qué empiezo por aquí
Este blog va a hablar de entrenamiento, de datos, de carga, de recuperación y de carreras. Y probablemente también de cosas que salen mal.
Pero quería empezar por lo que lo sostiene todo. Construir un deportista no consiste en entrenar más durante unos meses. Consiste en construir algo que puedas mantener durante años.
Puedo mejorarte más de lo que piensas.
Pero tardaremos más de lo que te gustaría.
Y merecerá la pena.
— Andrés
